A ÚLTIMA HORA

Por: María de la Luz Morales

Hace unas horas me dirigí a supermercado para comprar algunos ingredientes que me hacían falta para preparar la cena de navidad.

Desde mi llegada al estacionamiento observé que había mucha gente al interior de la tienda, debido a que no había espacio para estacionarse. Los autos que iban llegado tuvieron que aparcar en alguna zona aledaña o esperar a que se desocupara un espacio.

Como yo llegué en transporte público fue fácil llegar a la entrada, pero comenzaron los problemas para mi, al intentar conseguir un carrito para poner mis compras. Al igual que el estacionamiento todos estaban ocupados, la gente comenzaba a esperar que las demás personas desocuparan algunos con las compras que habían hecho, hasta más de dos personas a la vez solicitaban que les cedieran su carrito una vez vacío. Otros corrían al ver uno abandonado  en el aparcamiento.

Una vez que pude solucionar el problema del carrito de super, ingresé al establecimiento, pero como era de esperarse todo el lugar estaba lleno de personas que obstruían los pasillos, con trabajos y mucho cuidado para no golpear a alguien llegué a la zona de lácteos, hice mis compras, revise en mi lista que era lo que me hacía falta.

Al llegar al pasillo en donde se encuentran las sopas de pasta, uno no podía ingresar con el carrito porque había una peña aglomeración que impedía el paso. Una mamá con sus hijos estaba indecisa en que pasta llevar, otras familias escogían una de cada tipo y la aventaban junto con la demás despensa.

La solución era detenerte en cualquier hueco que hubiese, abandonar tus compras, e ir en busca de lo que te hacía falta.

Una vez que terminé de elegir lo que tenía que llevar, me mentalice para pasar unos cuantos minutos formada en la caja. Las filas eran largas y cuando observé que en una de ellas había menos gente, me aproximé a formarme, pero me percaté que más de una persona llevaba dos carritos repletos de artículos que iba a pagar, sólo que había ido a formase antes para alcanzar lugar en lo que su acompañante llegaba con la demás compra.

Mientras esperaba en la fila que a decir verdad fueron casi 30 minutos, noté que como casi siempre pasa, el papá para evitar que su hijo no le hiciera berrinche accedió a comprarle un juguete que encontró el niño.

Una vez que pude pagar, salí de la tienda, desocupé el carrito del super y se lo cedía a alguien más.

Aprendí una buena lección, el no volver a esperarme hasta las ultimas horas para comprar los artículos que me hagan falta para preparar la cena de navidad. Aun que estas filas interminables también suelen hacerse cada vez que es quincena.

 Seamos consumidores responsables, si vivimos cerca de una tienda comercial, no vayamos en automóvil, caminemos o tomemos transporte público.

También ayudaría mucho el no llevar a toda la familia a comprar la despensa, a menos que si tenemos niños pequeños y no podamos dejarlos en casa con alguien llevémoslo, pero sino evitemos saturar las tiendas con más personas.

Siempre que realicemos compras, hagamos una lista de lo que nos haga falta y no obstruyamos los pasillos meditando que más íbamos a comprar.

Sobre todo no hagamos compras innecesarias que sólo afectan nuestro bolsillo y que en unas cuantas semanas desechemos por falta de uso.

Seamos más consientes con nuestras compras, nuestra economía y el medio ambiente. 

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