Yo Me Mi... pero Contigo

Allí, sentado en una de esas sillas que conforman el salón de espera de una de las oficinas del carnet de identidad en Guanabacoa, estaba él. Tranquilo, paciente, junto a su madre, mirando con detenimiento algo que definitivamente le llamaba más la atención que el grupo de personas aburridas y parlanchinas, sentadas a su alrededor. No pregunté su nombre, pero de lejos lo bauticé como Charlie Brown.

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