Espacio sagrado

                                                                             Espacio sagrado. Sagrario de la Catedral Metropolitana. Foto: Yolanda Morales

El centro histórico del DF, para mí significa muchas cosas importantes tanto a nivel personal como de aprendizaje profesional, caminar por sus calles repletas de gente, de vida, de todos los detalles que en diversos sentidos nos hacen únicos en el mundo, mirar los edificios llenos de historia, de la historia que continúa su camino y cada día se plasma en sus muros, sus plazas y su gente, de manera que me es un poco difícil des-apegarme de él, es bastante tentador que cada que mis actividades me lo permiten mis pies sigan el camino ya marcado hacia la hermosa catedral y sus alrededores, sin embargo es lamentable que la Ciudad de los Palacios como fue nombrada por el viajero francés Charles Joseph Latrobe (y no el Barón Alejandro de Humboldt, como comúnmente se cree) luzca sucia y desordenada, producto de la mala cultura cívica de nosotros los Mexicanos y aunado a ello la poca participación del gobierno al respecto, a ¿qu me refiero en específico?, pues bien les platicaré que para mitigar mi sed compré un agua de limón de un litro, por lo que me dieron el líquido en un vaso de unicel, yo seguía mi camino recorriendo mi curso establecido para descubrir cosas y mientras eso ocurría es bastante fácil observar a las personas arrojando basura al suelo, depositando las colillas de los cigarros en las juntas de piedra de los monumentos históricos, jardineras destinadas a árboles raquíticos llenas de botellas de refresco, nuestro orgullo vegetal el Maguey convertido en sanitario público, orillas de  banquetas en abundancia de restos de envolturas y comida sin terminar, las coladeras cubiertas por cartón para que el aroma de los drenajes no emane tan fuerte, mi camino continuó hasta el Templo de la Soledad donde está un cárcamo de bombeo, pues está zona del centro se inunda con facilidad debido al desnivel que actualmente presenta, así como por su origen mismo ya que ahí convergían diversas acequías ( La llamada Real y la de Mexicalzingo), que para quienes no conocen el término eran los antiguos caminos de agua por los que se navegaba para transportar los productos necesarios durante la época prehispánica y posteriormente en la colonia que fue donde obtuvieron un nombre más “propio” acorde al rango de la ciudad conquistada osea “La Nueva España”, pues bien éste cárcamo se haya rebosante en basura ya que es arrastrada por el agua de lluvia o bien por la amable cooperación de las personas para que no se vea escaso de residuos.

Nuestro orgullo muere

                                                                            Nuestro orgullo muere. Foto: Yolanda Morales

De camino de mi hogar pase por varios escenarios de la misma índole, pero ya con mi vaso de agua vacío  por lo que me disponía a colocarlo en un recipiente apto para ello, pero caminé así varias calles hasta llegar al legendario hospital de Jesús, donde encontré un contenedor hasta el tope de basura y como mi recipiente no cabía decidir avanzar más, total mi mamá me acostumbró a que si no hallaba donde depositar mi basura, bien podía cargarla hasta mi hogar y ahí tirarla en el bote, pero por fin encontré uno en el que por fin lo deposité, pero después pensé que si tanto se habla de separar la basura por un bien común, en primera porque no había recipientes suficientes y en segunda porque ninguno de ellos estaba diseñado para separar la basura, sobre todo en la zona oriente, pues todos los nuevos de plástico están ubicados en el primer cuadro, por lo que hago una atenta invitación a quienes vivimos aquí a que se abstengan de redecorar los monumentos con sus desperdicios, y colaborar a que las coladeras se tapen, así mismo al gobierno a establecer una política pública con el rigor que lo merece, a quien por “accidente” deje caer su basura y a replantear la disposición urbana de los contenedores especializados en el tema de separación, así cómo hacer campañas frecuentes de la cultura del reciclaje, pues ya son varias las ocasiones que me he topado con el ciudadano indeciso de colocar el papel con el que envolvió su manzana en el bote gris o el verde.

Ayudemos a dignificar este espacio patrimonio de la Humanidad que ya de por sí no sólo es una condecoración más, sino una responsabilidad comunitaria pues así como llegó se puede ir.

Datos del autor:

 tarjeta Arq yolanda

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