Hace unos minutos me llegó, a través de un amigo, la noticia de la celebración del Día de la Internet segura. Me dió cuiosidad, debo admitirlo, y pinché.

La seguridad de Internet es un término que siempre me deja un poco perdida. Imagino un flujo de millones y millones de personas, como en una maratón, corriendo a la par y tratando de no hacerse daño. Imagino la responsabilidad que hay en nuestras teclas cuando irrumpimos en los espacios de la web e irremediablemente pienso en que aún no somos conscientes de esa responsabilidad.

Navegando por ahí, encontré una historia que se repite una y otra vez: Rocío, una abusada que se convirtió en ciberabusadora. La historia de Rocío me hizo recordar instintivamente el triste final de Amanda Todd y la facilidad con la que fuimos todos cómplices y víctimas de su tragedia.

Así, que me venía atinada una breve reflexión: Internet -le gusta decir a una antigua profesora- es un arma de doble filo. Internet es un sabio, un desconocido, un abismo, un huracán, una primavera, un universo.

Internet son clases sociales, grupos en pugna, movimientos de liberación, culturas sumergidas y emergidas, intereses, poder, empoderamiento, soberanía y sometimiento.

Por lo que proclamar un día de la Internet segura no puede implicar simplemente hacer una página que visitemos algunos, hacer un congreso de año en año y armar campañas para un día.

Hablar de seguridad en Internet es como intentar cortar de tajo la violencia en un país. Lo que no quiere decir que no se convierta en utopía posible, sino que ha de ser una utopía que compartamos y respetemos todos, porque al fin y al cabo, Internet eres tú.

 

 

 

Datos de autor:

 

tarjeta Rosana Berjaga Méndez

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