Cuantas veces no escuchamos de nuestras abuelas y madres que si comíamos tierra nos saldrían lombríces en la panza, que si chupabamos algo sucio como un trapo o un juguete correríamos con la misma mala fortuna, pero de niños que poco importaban esas sentencias limitativas por lo que al menos en mi caso  la atención ante tales palabras era omiso, se trataba de experimentar…

Pero después el estómago cobraba mi experimentación, pues tal como lo advirtieron presentaba los síntomas ( presencia de diarrea, vómito, dolor e inflamación del estómago, comezón en el ano, palidez, adelgazamiento, falta de apetito y desgano) de que estos seres desagradables se hallaban viviendo en mi interior, para mi fortuna mi abuela le dijo a mi mamá que me hiciera masticar unas hojas de epazote en ayunas por una semana para que los pudiera expulsar y así sucedió, mis estómago dejó de incomodarme.

¿Pero por qué funciona?

La actividad antihelmíntica del aceite esencial ha sido comprobada por su acción directa sobre los áscaris y gusanos de tierra y por su acción en perros parasitados con áscaris al ser administrado por vía oral a una dosis de 0.1g/kg, en un estudio y de 1ml/animal en otro. En el hombre este efecto se ha corroborado al administrar el aceite por vía intramuscular a una dosis de 3.0ml/hombre adulto. También por vía intravenosa a una dosis de 1.5ml/hombre adulto, seguido por la toma de 30ml de aceite de ricino, sin aparentes síntomas tóxicos. Y por vía oral, aunque no se especifica la dosis aplicada. En casos de anquilostomiasis, el aceite probó su efectividad por vía oral en perros y el hombre.

Otros usos:  Medicina tradicional mexicana UNAM

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