Pensemos en la actividad humana diaria, no a nivel global, sino a una escala perceptible, en nuestros recorridos diarios, nuestros vecindarios, nuestros lugares de trabajo.

Es muy difícil que lo primero que nos llegue, no sea una imagen, gran parte de la información que percibimos lo hacemos a través de la vista, pero la actividad humana está llena de ruidos, de olores, de sabores y de texturas.

Sin embargo, estamos acostumbrados a que gran parte de esos ruidos, olores, y sensaciones sean residuos de nuestras actividades.
El diseño, en cualquier aspecto, tiene una abrumadora inclinación por satisfacer al sentido de la vista. Esto puede deberse a que el proceso de la venta de un diseño se concreta valiéndose de recursos ampliamente visuales.

Pero el gran problema, no es en principio que un diseño no produzca sensaciones premeditadas perceptibles más allá de la vista, sino que sea otra víctima más de las sensaciones residuo de la actividad humana.
¿Cuántos espacios verdes en la ciudad no son víctimas del ruido del tráfico, del olor de contenedores de basura sobrecargados, de texturas agresivas al tacto?

El diseñador, debe ponerse como reto, imbuir su propuesta de soluciones que produzcan sensaciones y además aíslen las sensaciones no deseadas o sensaciones residuos del contexto.
Este reto, diseñar para los sentidos no es un concepto nuevo, lo que es nuevo es la alienación de este concepto, le hemos cedido un gran protagonismo a la imagen formal.

Pocos años atrás un jardín común en casa no solo era pensado como un adorno, sino como un área de reposo, de convivencia social, sus recursos no solo eran visuales, sino que contaba con una selección de flores, a veces una fuente e incluso árboles frutales.
Podemos culpar a muchas cosas por haber dejado ir ese concepto de cómo era un jardín en casa, sin embargo, es un buen momento de sensibilizar nuestros diseños.

La percepción humana a través de los sentidos no solo ocurre en el jardín de una casa, ocurre en todas partes, percibimos sensaciones amenas y desagradables, un diseño para todos los sentidos no debe verse solo como un plus estético, sino como una forma de estimular los aspectos humanos que sacrifica la sociedad hoy en día, debido al crecimiento de los grandes complejos habitacionales que reducen nuestro espacio de desarrollo a un mínimo necesario ligado en proporción a nuestro ingreso económico, y si además le sumamos los largos recorridos en coche o los subterráneos que nos aíslan del exterior por mucho tiempo al día.

La sociedad jamás ha necesitado más de espacios verdes públicos.

Una de los conceptos de mayor escala en el diseño para todos los sentidos, son los parques o senderos multi‐sensoriales, que son espacios públicos y accesibles, con ambientes pensados para estimular los sentidos de las personas, vista, oído, olfato, tacto e incluso tacto con plantas y frutos comestibles.

En México ya se cuenta con uno, Parque “Sendero el gran tunal” en San Luis Potosí:

El concepto del diseño para todos los sentidos no solo se limita al diseño de áreas verdes, de hecho el aspecto más humano del diseño multi‐sensorial, es el de la rehabilitación de personas con discapacidad, donde se en un ambiente cerrado se busca la estimulación a través de objetos, luces y sonidos.

Cuarto de estimulación con sello

                                                            Cuarto de Estimulación Multi‐sensorial en la UDR de la Delegación Miguel Hidalgo, México DF.
Imagen: Esteban Baez

Vídeo explicación de sala multi‐sensorial Playtime en Buenos Aires, Argentina.

El reto es mayúsculo, porque no se trata de crear islas, se trata de aterrizar estas ideas en el diseño y crear ambientes amenos dentro de lo posible en todos los espacios que aspiran a ser, humanos. Se trata de no dejar el azar las sensaciones que percibe el usuario a través de sus otros sentidos.
Se trata de diseñar espacios que estimulen nuestra vida y no entuman ciertos aspectos de nuestra naturaleza humana porque la rutina diaria no los requiere o valora.

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tarjeta Arq. Esteban

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