“Las personas con discapacidad incluyen a aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás”

Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad 

Hoy vemos a la discapacidad, o tratamos de verlo en conjunto, desde el modelo social que está perfectamente sustentado en esta definición de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad de Naciones Unidas, en donde no se define a la discapacidad como una característica aislada y solitaria de la persona, sino que se hace hincapié en las barreras que surgen en la interacción de la persona y su contexto.

Video: Discapacidad, evolución del modelo

Esta nueva forma de entender la discapacidad nos hace plantearnos hoy más que nunca el hecho de que la ciudad está incompleta. Pero ¿Es acaso incorrecto que así sea?
Dice François Ascher en su texto los nuevos principios del urbanismo que “las formas de las ciudades reflejan las lógicas de las sociedades que acogen” y no es acaso parte de la naturaleza del ser humano buscar reinventarse a si mismo constantemente.
Es entonces que partiendo del modelo social de la discapacidad, tenemos un nuevo actor en el entendimiento de la discapacidad misma, la ciudad.
En el artículo 1ro de la constitución mexicana se señala lo siguiente:

“En los estados unidos mexicanos todas las personas gozaran de los derechos humanos reconocidos en esta constitución y en los tratados de los que el Estado mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los caso y bajo las condiciones que esta constitución establece.
(…)
Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”

Si analizamos estos dos párrafos del artículo 1ro de la constitución, nos encontramos con que:
Primero: “todas las personas gozaran de todos los derechos humanos reconocidos en esta constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte”; México no solo ratificó la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, sino que fue uno de sus principales promotores. Y esta Convención señala en su artículo 9:

“Para que las personas con discapacidad puedan vivir de forma independiente los países Garantizarán el acceso a todos los lugares: edificios, escuelas, hospitales, viviendas. También a los lugares de trabajo y a las calles (…) Garantizarán que la información llegue a todas las personas”

Y segundo: “Queda prohibida toda discriminación (…) que atenten contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas” y es aquí donde debemos empezar a entender que cuando nuestra ciudad no permite la plena inclusión de todas las personas, las está discriminando.
Y entender entonces, el papel de la visión que tiene la accesibilidad y el diseño universal para armar este gran rompecabezas que es la ciudad para buscar impulsar una ciudad que aprenda de nosotros, los seres humanos en nuestra diversidad, que se repiense para nosotros y se reconstruya por nosotros. Cabe señalar, nuevamente, que accesible no es exclusivo, es universal, nosotros somos todos, no un nicho de la población.
No hay duda, la accesibilidad llego para quedarse, se está haciendo un lugar en la ciudad; y aunque se trate de una transformación lenta y de muchos tropiezos, la intención de una ciudad que se empiece a sentir más completa para cada persona, está planteada ya en el concreto y asfalto de nuestras urbes.
Cabría la pregunta:

¿Cuál es esa última pieza del rompecabezas de la ciudad?
La experiencia humana; ninguna ciudad es válida si no es apreciada, experimentada, criticada o disfrutada por la persona. Y es en esa experiencia humana en donde encontramos el único argumento válido de una ciudad.

 

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