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Un arbol no solo es una pequeña parte.

Usualmente encontramos imágenes en contra de la tala de arboles, del maltrato a los bosques, áreas protegidas entre otros, y usualmente nos dicen que es simplemente para el oxigeno, pero realmente hay mas de fondo.

En números, para que una persona tenga el oxigeno suficiente necesita aproximadamente 22 arboles tomando en cuenta que somos según números de la ONU 7.000.000.000 de personas aproximadamente, este dato no es exacto ya que los países no están obligados a realizar un conteo de su población, existen las comunidades marginadas entre otros así que este dato puede ser mayor.

Si consideramos esta información a nivel mundial necesitaríamos 154 000 000 000 de arboles serian lo que se necesitan para que los seres humanos sobrevivamos de manera mas o menos positiva, falta sumar a esto los arboles que se necesitarían nuestros animales.

La pregunta que a veces nos hacemos se refiere a cuánto oxígeno produce un árbol al día, pues bueno, si consideramos que se requieren 22 árboles para suplir la demanda de oxígeno de una persona al día. 0,41 hectáreas con árboles (1 hectárea equivale a 10.000 metros cuadrados, digamos una manzana urbana), produce suficiente oxígeno al día para 18 personas, aproximadamente.

Científicos han demostrado que cuantos menos árboles existen, menos lluvias se producen. Un grupo de científicos australianos ha demostrado que la deforestación a lo largo del río Amazonas, en Sudamérica, está disminuyendo la caída de lluvias y causando cambios climáticos en la región.

Un estudio en el Amazonas halló que la pérdida de forestación implicaba que cada vez llegaba menos agua evaporada a la atmósfera, lo que genera menos precipitaciones, dijo Ann Henderson-Sellers, directora de medio ambiente de la Organización Australiana de Ciencia y Tecnología Nuclear.

Un aspecto clave del estudio fue determinar el ciclo de una versión molecular pesada del agua común del Amazonas que se evapora más fácilmente a través de las plantas que a través de lagos o ríos.

El agua que los hogares reciben está compuesta por dos átomos “regulares” de hidrógeno y un átomo “regular” de oxígeno, pero en algunas moléculas de agua el segundo átomo de hidrógeno es reemplazado por una versión más pesada llamada deuterio, explicó la científica. “Las plantas transpiran las moléculas de agua y las elevan nuevamente dentro del aire, sin discriminar entre moléculas regulares o pesadas”, dijo a Reuters Henderson-Sellers. La clave del estudio fue descubrir que había habido una reducción en las precipitaciones de agua de molécula pesada desde la década de los años 70 en la región.

Henderson-Sellers indicó que la única explicación para esa reducción era que el agua de moléculas pesadas no volvía a la atmósfera para caer en forma de lluvia debido a la menor vegetación, poniendo de manifiesto la relación entre deforestación y la caída de lluvia.

“Los árboles juegan un papel fundamental en el movimiento de las moléculas pesadas de agua a través del ciclo. Esta es la primera demostración de que la forestación tiene un efecto a observar en la caída de lluvia”, dijo la científica.

 El Amazonas es el segundo río más largo del mundo con una longitud de 6.400 kilómetros y tiene un caudal mayor al de cualquier otro, liberando 6,5 millones de pies cúbicos por segundo en la temporada de lluvias. El río es responsable de un quinto del volumen total de agua que llega a los océanos del mundo. El área del Amazonas cubre 2,3 millones de kilómetros cuadrados y ha sido calificada de “los pulmones de la Tierra” por grupos ecologistas.

Por tal motivo no solo se trata de plantar arboles sino de cuidar los que ya existen y que están en edad de proveernos del oxigeno que necesitamos, e insistir en que los gobiernos contemplen políticas publicas que ayuden a la creación de espacios y al mantenimiento de los espacios verdes existentes.

tarjeta Beatríz García